domingo, 16 de marzo de 2008

Salamanca

A mediados de marzo y el frío sigue igual que a principio de años - por lo menos en Salamanca. Que es mi dirección actual.

Después de sobrevivir a la terrible Gripe-Muerte (término acuñado por la grandiosa Rocío), que cuando ataca saca las garras, te deja a medio vivir por un par de días, luchando contra la fiebre y el hecho de que tu mamá está al otro lado del charco y no hay nadie que te prepare un caldo de pollo, ahora estamos en Salamanca. Sobrevivir la Gripe-Muerte en una casa donde más de la mitad de los habitantes fuman como camioneros, con mi sistema inmunológico de chocolate, es - para mí - todo un logro. Sobrevivir con la cordura intacta en una casa donde vivimos 10 niñas, cada una creyendo que su microuniverso es más importante que el de la persona junto a ella, discutiendo porque si la comida es light o tiene mucha grasa (es en serio), es también un gran logro.
Un break bien merecido de Madrid, diría yo.

Diría que es un domingo de cruda, si no fuera por el hecho de que no hay cruda alguna.
Salamanca es la tierra de la fiesta eterna. No es exageración el decir que no hay cosa mejor que hacer que salir de fiesta. Los domingos la ciudad muere. Y yo con el frío y mis depresiones domingueras, que no por el hecho de estar en otro país, desaparecen. Los domingos siempre serán "ese" día de la semana para mí. Más si hace frío. Más si hace frío y debería de hacer calor.
Pero debo de decir que, orgullosamente y por primera vez quizás, sobreviví el fin de semana en la tierra de la fiesta eterna completamente sobria. No es broma. Y no es por quitarme méritos, pero quizás no lo habría logrado si mis acompañantes no fueran no bebedoras.
Uno aprende muchas cosas al fiestear sin alcohol, como que a las seis de la mañana aún puedes salir bien en las fotos, o como que el dinero no desaparece tan rápido del bolsillo (a menos de que te lo roben, lo cual también me pasó - 20 euros y mi bufanda, así o más lacras-).
Pero tampoco es como que vaya a dejar de tomar.

El silencio es preciado.
Después de tres días de fiestas non-stop, de conocer la ciudad a fondo durante la noche, de no haberla pisado durante el día, aquí estamos.
Mañana nos vamos. ¿A dónde? No sabemos. Pero son vacaciones, y nos vamos de viaje. Con el presupuesto limitado y sin un plan bien trazado, tenemos una semana para ir a donde se nos ocurra.

Y la Gripa-Muerte no podrá hacer nada para detenerme.